martes, diciembre 18, 2012

Sueño


Eran alrededor de las 11 de la mañana de un soleado día primaveral. Me encontraba en Santiago vestido con tenida formal y preparado para una entrevista de trabajo. Era un edificio de oficinas y mi reunión se iba a dar a cabo en uno de los pisos altos del lugar. Por alguna extraña razón tenía la impresión de que el trabajo al que postulaba era importante por solo el hecho de que sería conferenciado en los pisos superiores y no en los inferiores. Luego me di cuenta que era una estupidez.

Posterior a la entrevista y al bajar a un lobby atiborrado de secretarias y postulantes a varios trabajos me encontré con una hermana de mi padre. Me invitó cordialmente a su casa a almorzar y al acceder salimos del lugar conversando acerca cuál era el asunto que requería cada una de nosotros en aquel edificio.

A medida que nos acercábamos al estacionamiento recuerdo que le hacía énfasis en el hecho que dado mi título profesional mi entrevista se había llevado a cabo en los pisos altos de la torre, lo que sonaba interesante en el momento pero cada vez me convenzo más de que era en realidad una estupidez.

Salió ella del estacionamiento sola. Habíamos acordado que me subiría en la esquina para evitar complicaciones que en su momento me parecieron lógicas pero que en el fondo era más que nada comodidad para ella y el acompañante.
Al llegar a la esquina, me subí al vehículo el cual era un Citroen de los años 80 color verde claro y metálico de 3 puertas, que se mantenía en buenas condiciones.

Luego de conducir por un rato y conversar de trivialidades observamos con asombro que por el lado izquierdo del camino una enorme nube de tonalidades verdes venía avanzando a poco más de dos kilómetros de distancia de nosotros rodeada de una horda de moscas, lo que nos provocó una nauseabunda sensación y desagradable sorpresa acompañado de inseguridad y temor por nuestra suerte ya que avanzaba a gran velocidad.

No acabábamos de digerir semejante espectáculo de espanto cuando observamos un objeto que volaba al poniente de la nube. El objeto metálico era claramente a nuestros ojos algún tipo de artefacto autónomo de suspensión aérea que al parecer comandaba la tóxica nube que rodeaba todo a su paso. Éste contaba con un cuerpo principal cilíndrico acompañado de alas en semicírculo a ambos lados cuyas terminaciones hacían parecer la base de un helicóptero. Claramente no era un objeto convencional que hubiéramos visto con anterioridad ni en los mejores espectáculos cinematográficos que hubiéramos presenciado, pero que no dejaba claro si era terrestre o no.

Finalmente llegamos a casa, donde el ánimo se encontraba por el suelo. Las noticias de la infección que había provocado en la población, que no era en su totalidad, se sabía claramente y la resignación se había apoderado de todos.

Por alguna razón que desconocía acaecía dos tipos de reacción a esta nube tóxica que había afectado a las personas del lugar. Una de ellas era la clara mutación física y psicológica que provocaba una tremendo deseo por consumir carne humana y la otra era una horrible infección que hacía que las personas que la padecían se fueran pudriendo rápidamente anidando en las yagas colonias de asquerosas moscas que se iban alimentando de los residuos de tal enfermedad.

Por alguna razón mi esposa llegó luego de un par de horas al lugar donde me encontraba, y con cara de resignación me miraba triste comprendiendo que nuestro fin había llegado y que moriríamos en cualquier momento presa de la leprosa infección que afectaba a mi tía y a su esposo o a manos de quienes se estaban alimentando de sus congéneres.

A sabiendas de que gran parte de la población estaba afectada de esta inusual y apocalíptica catástrofe y que nadie estaba a salvo de una u otra consecuencia de la nube invasora, y dado el hecho de que ni yo ni mi señora presentábamos síntomas de lo uno ni de lo otro, me aventuré a salir a buscar alguna patrulla de carabineros que se encontrara a la deriva cuyos ocupantes hubieran sido presa de la infección y me permitiera sustraer de sus cuerpos algún tipo de armamento que me permitiera llevar a cabo la ardua y desesperada tarea que me aquejaba punzantemente. La búsqueda de mi hija.

Mientras vagaba rápidamente por las calles pude observar claramente a personas ya fallecidas producto de la infección que le carcomía las carnes acompañadas de los alados insectos, cosa que no era tan terrible, ya que mi estómago no era susceptible a ese tipo de espectáculos. Lo impresionante llegó cuando me vi obligado a atravesar un parque de altos prados donde gentes en evidente estado de putrefacción luchaban por obtener un bocado de unos y de otros y de donde aparte de este dantesco escenario el suelo se encontraba regado de miembros y partes varias de no muy clara procedencia, pero sí notoriamente humanas a medio comer en cantidades descomunales.

Esto si produjo el efecto adrenalínico que necesitaba logrando de esta forma sortear hábilmente este campo de terror para llegar al otro lado donde había una plazoleta con muchas personas intentando observar lo que acontecía al lado opuesto de donde yo me encontraba.

Un grupo numeroso de efectivos de fuerzas armadas intentaba controlar la población que aún tenía condiciones y fuerzas para mantenerse a la expectativa de lo sucedido, que a duras penas atravesé llegando hasta una línea marcada en el suelo hasta donde caminaba desde el otro extremo de donde yo había llegado un grupo de civiles a los que extrañamente no había afectado, por alguna razón que desconocía de momento, la invasora nube tóxica.

En ese momento entendí que el punto, era de reunión de los dos tipos de personas que habitábamos la región en ese momento. Los que estábamos del lado de los infectados, entre los que habíamos gente que a pesar de estar expuestos a la toxina, si se puede describir así, y los que no habían sido expuestos que estaban debidamente resguardados por el ejército.

No tengo claro si el objetivo era que nosotros los viéramos a ellos o que ellos nos vieran a nosotros en una suerte de infortunado zoológico donde una de ambas partes era exhibida y la otra era la observadora.

Entre la multitud que se encontraba sana logré ver con gran satisfacción que mi hija se encontraba allí vestida con su elegante abrigo blanco y su característico peinado de igual clase, lo que provocó que las lagrimas inundaran mis ojos y que mi corazón se llenara de regocijo, ya que se encontraba bien y del lado de los no expuestos a la infección.

A pesar de que el contacto físico estaba prohibido, mi mujer se arrodilló en el suelo y arregló el cuello del blanco abrigo de nuestra hija justo en el borde de la línea que nos separaba. En ese momento una estridente chicharra rompió el constante murmullo de las personas que se agrupaban en dos bandos y un uniformado de alto rango exclamó con aires de alarma y grandeza que el contacto estaba prohibido indicando que una acción más de este tipo y el actual acercamiento vigilado quedaría abolido, acción seguida de una marca en una pared cercana que indicaba que se había roto la cuarentena pero que aún no había peligro para los no infectados, sino en forma de última advertencia.

Se alejaron con evidentes rostros de pena al ver a sus familiares y amigos en evidente condena producto de la desconocida para nosotros nube que nos había inundado. Mientras nosotros los observábamos caminar lentamente a su salvo refugio esperando encontrarlos en alguna otra afortunada ocasión. Personalmente me sentí satisfecho de haberla encontrado sana y salva pensando en quien la cuidaba de ese lado. Quien le daba sus mimos de niña y le indicaba como debía ser el comportamiento de una niña correcta. Quien se aseguraba que durmiera cómoda y cálida y quien le enseñaba ahora cosas triviales e interesantes. Quien le abastecería de dulces de cuando en vez y quien la vería convertirse en una mujer.

Una vez desaparecido de nuestras vistas mi meta era otra.

Volviendo a recorrer las calles de la condenada ciudad observaba personas que se armaban como podían, con palos, fierros, armas de fuego e incluso herramientas de trabajo cotidiano.
Yo caminaba buscando nuevamente alguna arma para proteger a mi esposa y a mí hasta el momento en que inevitablemente sucumbiéramos de una u otra forma a la terrible plaga.


sábado, agosto 01, 2009




miércoles, julio 01, 2009

El alza de los combustibles

Hoy a las 11 de la mañana aproximadamente, me acerqué a la estación gasolinera SHELL que se encuentra en la Calle Colón a la altura de la entrada a Higueras en Talcahuano.

Distraídamente y con la convicción de que mañana jueves se produciría una alza en el precio de los combustibles, solicité que me llenaran el estanque con combustible regular de 95 octanos.

Sopresa fue cuando luego de que empezaran con la faena de llenado de estanque, y luego des tradicional "marcador en cero", giré mi cabeza para cerciorarme de lo que me decía el personaje de unos 50 años aproximadamente, me dí cuenta que en el rectángulo digital que establece el precio del litro del combustible que estaba solicitando, decía 585.

Rápidamente a mi memoria llegó el número 566 que era el precio que el reciente fin de semana se lucía en cada una de las estaciones de servicio y distribuidoras de combustible para vehículos, y el constante anuncio leído por mi persona en los periódicos y escuchado en los noticiarios que acostumbro a ver en relación al alza de combustibles que se produciría el día jueves 2 de julio con su respectiva razón.

El anuncio ( en todos los medios es el mismo) aseguraba que debido a un alza en el impuesto específico a los combustibles aplicado por el gobierno este jueves, y como todos los jueves, se produciría una variación en el precio de las gasolinas de 93, 95 y 97 que constaba de un aumento de $18 promedio y una baja en el petróleo Diesel.

Esto es lo que se encuentra en la retina de todos.

Luego que se efectuara el pago del combustible cargado, y aún desconcertado por el precio que acababa de pagar, pasé lentamente por un costado del servicentro para asegurarme que el precio que me habían cobrado era el que señalaba su anuncio, y me doy cuenta que la publicidad anunciaba que el valor del combustible era de $565 por litro en las bencinas de 95 octanos.

Visto esto me acerqué al dependiente que me había atendido recién y al señalarle el hecho que me había cobrado un precio distinto ($20 mayor al que estaba anunciado), pero lamentablemente él y sus compañeros se limitaron a mirar el precio señalado en el cargador de combustible y a mirar el suelo sin pronunciar absolutamente ninguna palabra.

Luego de este hecho me acerqué al otro lado de la estación de servicios para ver el mismo letrero tradicional de gran tamaño y muy visible con el que cuentan todos los servicentros y donde se exhiben los precios de todos los combustibles que ofrecen y esta vez el anuncio decía 585 por litro de la bencina regular de 95 octanos.

Volví a dar la vuelta para ver nuevamente el anuncio desde el otro lado y efectivamente se exhibía 565 por litro de 95 octanos.

Luego de hablarles nuevamente a los dependientes, y señalarles la diferencia de precios en ambos lados del anuncio y solicitando, caballerosamente como siempre una explicación del hecho, nuevamente se limitaron a, como se dice coloquialmente, hacerce los locos.

Ya un poco más molesto con la situación levanté un poco mas mi voz (que de por sí no es suave), y pregunté que quien estaba a cargo en ese lugar.
En ese momento se me acercó un hombre de unos 45 años vestido con un guardapolvos blanco y cuyas manos se encontraban notablemente sucias y se calzaba en la cana cabellera una gorra de la compañía.

El hombre amablemente me señaló que por orden del gobierno, y no de la direción de la gasolinera SHELL, habían tenido que subir el precio de las bencinas el día de hoy a las 00:00 horas, en respuesta a la alza del impuesto específico de la bencina.

Yo obviamente le respondí que el alza se venía anunciando hace días, pero que se efectuaría el jueves 2 de julio, que es mañana, a lo que me contestó que se había hecho la alza el día de hoy, nuevamente enfatizando el hecho que había sido por orden del gobierno, por la sencilla razón de que el día de mañana las gasolinas sufrirían una baja.

La pregunta que me viene a la mente es

¿Alguien sabía de este hecho?

¿por qué el gobierno hizo este giro de ultima hora?

Pues realmente no creo que se hayan reunido ayer por la noche a decidir esta situación que se produjo este día, y si se pretendía realizar esta alza, que todos sabíamos, ¿por que hacerla un día antes y sin aviso?

Pues por la sencilla razón de que, como todos, esperaríamos hasta el último día antes del alza para cargar combustible para evitarnos el alza de mañana. Y en vista de eso se produjo la modificación un dia antes para que la aplicación del alza del impuesto específico se traspasara en tu totalidad a los usuarios que somos los que realmente pagamos todos los impuestos que se le aplican a los combustibles.


Esto me deja muchas dudas acerca de la trasnparencia con que se tratan estos temas en el gobierno, lo que (a pesar de lo que dicen las encuestas) me da una razzón más para estar disconforme con el mismo.


Finalmente les dejo el artículo que encontré en el diario El Mercurio, en su edición digital, donde se menciona el alza y una hipotética disminución.

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=64762

sábado, enero 03, 2009

Capitulo III. Lamento


El dolor que a esta hora le producía el frío acerado del par de grilletes que aprisionaban sin compasión sus desnudas muñecas, se había desvanecido aproximádamente hace media hora atras, en el momento que el último carabinero había abandonado el pequeño cuarto de escasos 9 metros cuadrados.
No le habían realizado ningún tipo de pregunta.
El interogatorio del cual estaba acostumbrado a ver, encarnado en sus series y películas policiales preferidas en las que el personal policial siempre lograba sacarle de alguna manera la verdad a sus inculpados, no se había realizado de ninguna manera, lo que hacía que se sintiera más nervioso.

Los veía desde niño, primero en blanco y negro, el primer aparato de recepción televisiva que sus padres lograron con esfuerzo adquirir y posteriormente en ese viejo y enorme televisor, que había pertenecido a su abuelo y que había pasado a sus manos luego de un fulminante cáncer diez años atrás y que aún conservaba con peculiar recelo y meticulosidad a la hora de realizarle la semanal tarea de limpieza. Para él ese televisor era particularmente valioso, ya que por una absurda rencilla, a su juicio, entre su padre y su abuelo, no había podido conocer a este último hasta los 11 años, fecha en la cual su abuelo le regaló su mas preciado tesoro: su televisor a colores conservado en perfectas condiciones y con su manual de mantención de 1970, un Zenith modelo A6533W, el cual había cuidado con todo el cariño y amor que no le había alcanzado a entregar al padre de su padre, ya que 4 meses mas tarde había sucumbido ante el cáncer pulmonar, producto de años de consumo diario de dos cajetillas de cigarrillos, que habían sido en un inicio Lucky sin filtro hasta el día en que había caído al hospital que se habían transformado en Lucky corriente.
Un mes había durado en el hospital debido al avanzado estado de la enfermedad, para finalmente dejar este mundo contento por haberse, finalmente, reconciliado con su único hijo y al mismo tiempo, por haber conocido aunque fuese sólo unos pocos meses a su único nieto, Francisco.

La desesperación de la situación, la frustración del no saber que era lo que en realidad estaba pasando, la eterna espera de la que estaba siendo presa, unido al recuerdo de su abuelo le hicieron tornar sus verdes ojos en un deteriorado blanco perla, estriado por vetas color bermellón, lo que le hicieron arder por un instante, inundando en un segundo toda la cavidad ocular con espesas lágrimas, todo esto acompañado por la sensación de sequedad de la boca y el punzante dolor que produce en la garganta el deseo de llorar sin dejarlo salir, sin suspirar y sin permitirse nungún sollozo.

Al momento en que la primera lágrima contenida con todas sus fuerzas cedió ante la poderosa fuerza de gravedad y se estrelló con la comisura de sus labios, se restregó la mejilla con sus manos unidas por las muñecas, y sintió la frialdad de su prisión sobre su rostro, haciendolo reaccionar por una fracción de segundo mientras el salino sabor de su propia lagrima lo hacía contraer involuntariamente la lengua dentro de su boca.

Cómo diablos se había visto envuelto en semejante embrollo? Cómo es que podía haberse perdido 37 minutos de su existencia y haber deambulado por las galerías del centro comercial hasta encontrarse de zopetón en la escena de un crimen?
En un segundo estaba tranquilamente sentado en el sector izquierdo del patio de comidas del centro comercial, con una bolsa de papel que llevaba un logo de Diadora, donde instantes había adquirido con su tarjeta Mastercard Dorada y en tres cuotas precio contado aquella polera construida de una peculiar tela cuyo nombre no recordaba, especial para asistir al gimnasio. Sobre la mesa, una caja de cartón roja con una leyenda que señalaba Pizza Hutt y dentro de ella un disco de masa con sus cuatro ingredientes favoritos: extra queso, pepperoni, pollo y choclo, todo acompañado de un vaso de 250 centímetros cúbicos de Fanta y un pequeño envase de papel con unas papas fritas que a su parecer eran muy poco apetitosas a la vista.

Eso recordaba, había llenado su estómago con 3 trozos de pizza, había bebido medio vaso del liquido gaseoso anaranjado y al momento siguiente se encontraba en estacionamiento techado del centro comercial, en el primer piso, frente a un Mitsubishi Montero Sport 2007, y a un grupo de gentes que no entendía realmente que hacía.

Le había costado una enormidad entender que siete de las personas que se encontraban extrañamente forcejeando frente a él, eran guardias de seguridad del recinto, vestidos con su rojo uniforme y provistos con chalecos antibalas de color negro.
Lo que no lograba comprender, todo producto de su todavía presente aturdimiento, era por qué los muchachos, que eran contenidos por los personajes de rojo y negro gritaban desaforadamente y forcejeaban con una descomunal fuerza en contra de los uniformados.
Claro está que en el momento en el que los guardias de seguridad lo sujetaron de las ropas, pasaron exactamente 3 segundos antes que se encontrara de boca en el suelo con un par de grilletes pertenecientes al cuerpo de seguridad del centro comercial y cuatro minutos hasta que oyó la primera sirena de la ambulancia que se dirigía al lugar de los hechos. ¿O quizás era la sirena de carabineros?
No lo recordaba, en ese momento de aturdimiento y confusión máximas no había dedicado a utilizar ninguna fracción de sus neuronas para delucidad que sirena era la que estaba oyendo, sólo se preguntaba a sí mismo qué había pasado.

Un pequeño esbozo de sonrrisa se le había dibujado en el rostro cuando la idea de que "cuando es a uno el que van a detener, la velocidad de reacción de las fuerzas de orden público actúan con brevedad, pero cuando uno es la víctima, se tardan una enormidad".
Repentinamente la idea de la relatividad planteada por Einstein se le hab+ia venido a la mente, y la sensación de ahogo se disipó por unos instantes y estuvo ausente escasos treinta y cinco segundos hasta que el primer personaje ingresó a la habitación con una carpeta en la mano y una chaquetilla azul marina con un logo estampado de color amarillo.

Era un sujeto de unos aproximados 30 años, de cabello castaño oscuro. Unas delgadas gafas con marco metálico escondían unos ojos cafés distorcionados levemente por el aumento de los cristales. Su rostro, pulcramente afeitado, reflejaba una severa, pero a la vez serena mirada, la que le dirijió unos instantes antes de tomar asiento en la plástica silla con patas de aluminio que se encontraba al otro lado de la mesa del mismo material que adornaba la fría habitacion.
El tubo fluorescente sobre sus cabezas destelló un leve instante producto de una falla en el partidor, cuya frecuencia aún no había llevado a convencer al personal de cambiarlo, distrajo al incriminado, pero no hizo mella alguna al temple del recien llegado, a pesar de que ese no era su oficina, ni siquiera era un lugar que frecuentaba.

La gravedad del suceso y la situacion en general, había llevado al fiscal a cargo del caso ordenar a la Policía de Investigaciones iniciara una investigacion sobre el asesinato, por lo cual el personal de Carabineros no había interrogado al sujeto y motivo por el cual el comisario se encontraba sentado frente a Francisco.

-Francisco Javier Mena Iturra- las palabras llenaron el vacío del cual estaba inmerso el cuarto e hicieron eco en los oidos de Francisco, sacandolo definitivamente del aturdimiento y volviendolo a la realidad en la que se encontraba.

-Veinte y un años, estudiante de prevención de riesgos en la Universidad Santa María, con domicilio en Hualpén...

Guardó silencio por un momento y todavía sin mirarlo, le preguntó:
-Conocías al Sr. Lazcano?

-Quién es el Sr. Lazcano?- preguntó con evidente perplejidad.

- De manera que nos encontramos con un leve caso de amnesia!!- le respondió el comisario levantando un poco el tono de voz haciendo que las gotas de sudor comenzaran a aparecer en el bigote de Francisco y sobre su nariz.

-Felipe Lazcano, el sujeto que acabas de asesinar. Me vas a decir que ni siquiera lo conocías? Entonces tu intensión era robarle. Cuéntame, que es lo que querías robarle?

Por primera vez en el largo rato que se había encontrado dentro del cuarto al interior de la prefectura de carabineros la lucidez iluminó su mente, finalmente entendió todo.
Se encontraba detenido por haber cometido un homicidio del cual no había señas en su memoria, y en vista de que su mente no lograba explicar los treinta y siete minutos perdidos y lo que alcanzaba a recordar luego de haber "reaccionado" cuando los guardias lo habían apresado, él era el único inculpado.

Por increible que pareciera, tenía la senación de haber cometido un crimen que no recordaba lo cual hacía que la situacion fuera más compleja para él. Que iba a responder a aquella pregunta, como iba a explicar que no tenía idea que había sucedido.
Y en ese preciso instante y casi inconscientemente pronunció las palabras que le devolverían la tranquilidad por las próximas dos horas.

-Donde esta mi abogado?

-Bien. si eso es lo que quieres, eso tendrás. En cuanto llegue el abogado que se te asignará se te notificará para que converses con él.
El fiscal determinó que la audiencia de detención se hará mañana a las nueve de la mañana. A esa hora nos veremos nuevamente.

Dicho esto, se levantó con la misma tranquilidad con la que había llegado y procedió a abandonar la habitación.

Durante las dos horas siguientes la mente de Francisco dió vueltas y vueltas tratando de, con los pocos recuerdos que tenía, hilar el curso de los hechos desde que se encontraba en el patio de comidas hasta que lo habían apresado, no pudiendo llenar el vacío de los treinta y siete minutos.

Tenía la extraña certeza de haber asesinado al tal Felipe Lazcano, idea que lo aterraba, porque parecía tan cierto como que se encontraba detenido al interior de una prefectura de carabineros.

Una vez cumplidas las dos horas, entró apresuradamente una mujer de unos 40 años, muy bien vestida con un traje de dos piezas color café, con una bluza gris y un bolso ejecutivo colgado de su hombro derecho.
Desafortunadamente y tal como lo preveía no le retornó la tranquilidad pero al momento que Paula, la abogada defensora que le había sido asignada, se tranquilizó un poco y le contó todo lo que recordaba.

El rostro de incredulidad de la abogada era evidente. Una ceja se levantaba sobre el nivel de la otra despectivamente y los entornados ojos negros lo miraban sin creerle, mientras una de sus manos jugaba distraídamente con un bolígrafo plateado grabado con letras cursivas Paula Pareja Perez, regalo de sus hijos, de ocho y once años, en su último cumpleaños obviamente coludidos con su esposo con el cual llevaba dos días sin hablar producto de una pelea por unas extrañas llamadas telefónicas en el aparato celular de él.

- A ver - dijo, dejando el lápiz sobre la carpeta que se encontraba sobre la mesa- Me gustaría que fuera sincero conmigo, es la única forma que tengo de ayudarlo. Lamentablemente existe una cámara de seguridad del mall que tiene registrada tu persona forcejeando con la víctima y un cuchillo, el cual usted mismo compró unos minutos antes con tus huellas digitales estampadas con sangre.

-Todo indica que usted cometió el asesinato, hay pruebas. Lo que no hay es un móbil y aunque no lo encuentren nunca con las pruebas que existen, los cargos de homicidio calificado harán que pase en la carcel unos quince años.

- Le repito que eso es todo lo que recuerdo, si quiere me somete al detector de mentiras.- Lo absurdo del comentario hizo que se ruborizara y la sonrisa esbozada por la abogada hizo que se arrepintiera de haberlo dicho.

-Le propongo que establezcamos culpabilidad en la audiencia de mañana para disminuir los años de la condena, ya que por lo que veo no hay nada que lo salve. Mañana a las ocho de la mañana lo veré en el juzgado para que veamos si recuerda algo mas del suceso.

Con estas palabras se levantó y con un giro que hizo ondear su teñido cabello dejando un suave perfume a shampoo que alcanzó el sentido adecuado de Francisco, quien esperó otros cinco minutos hasta que lo condujeron a una celda en el subterráneo de la prefectura.

A pesar de el nerviosismo y el estado de angustia en el que se encontraba esa noche logró soñar. Soñó con su abuelo, con su padre y con un desconocido que lo llamaba, lo acechaba, le hablaba de lejos y le ordenaba que saltara en un pie, luego que se parara de cabezas, mientras reía y reía.

Al otro dia cuando despertó tuvo la extraña sensación de que el sueño había sido real, y se le ocurrió la descabellada idea de que lo habían mandado a matar a ese pobre tipo contra su voluntad.

lunes, abril 07, 2008

El Tibet En las Olimpiadas.

Este slide lo encontre navegando por el mar de blogs.
osea lo copie y lo pegue aca.

domingo, noviembre 11, 2007

Nace una Nueva Estrella

domingo, septiembre 02, 2007

Capitulo 2. Alberto


Se alejaba tranquila y desenfadadamente del estacionamiento del centro comercial en el mismo momento que un Airbus 318 disminuía constantemente la velocidad hasta aterrizar en el deteriorado asfalto de la pista de carriel sur, mientras Las destellantes luces señalizadoras del aeropuerto eran apenas percibidas por la luminosidad imperante del medio dia, y el avesado capitan de la aeronave maniobraba junto a su tripulacion.

A la izquierda de su camino hacia la movilizacion que lo llevaría su tedioso trabajo diario, observó un pequeño, pero vistoso local de venta de arreglos florales. Pensó en comprarle algún tipo de ramo de flores a su madre, y se dirigió a ese rincón pensativamente.

Una de las dependientes se le acercó con amable semblante y le dijo:

- Buenas tardes, ¿en que lo puedo ayudar?
- Hola. dejeme mirar un momento para decidirme porfa.

La cortante respuesta provocó la inmediata media vuelta de la vendedora, quien pensó que definitivamente no tendría suerte ese día y no lograría vender una sola rosa roja, puesto que se acercaban las tres de la tarde y a las cuatro terminaba su turno momento en el que se dirigiría a su hogar hasta el día siguiente.

Paseó la vista una y otra vez con la intensión de escoger de entre cada uno de los arreglos, que a esa hora de la tarde empezaban a verse no muy bién. Un canasto del tamaño de una bandeja de huevos decorado vistosamente con rosas blancas rojas y amarillas y rodeado de pequeñas ramas de ciprés fué el escogido luego de compararlo repetidamente con otros dos arreglos de similares características, pero de desteñidas y arrugadas formas que le daban la impresión de estar mirando unas desaliñadas ancianas tratando de verse decentes.

- ¿Que precio tiene ese arreglo?- preguntó con la misma frialdad a la señorita que salía en ese momento del cuarto de dos por dos metros ubicado en la esquina opuesta a su posicion en medio de las flores que imitaba pobremente a una oficina administrativa.

La vendedora, una mujer de unos 25 años, de bello perfil pero de ojeroso mirar, le levantó la ceja derecha al tiempo que se secaba las manos en un delantal donde se apreciaba el nombre de la florería ornamentado con bordados de rosas y tulipanes en armoniosa distribución y le respondía con una melosa y delicada voz:

-Catorce mil cuatrocientos noventa pesos-

- ¿Y el precio del envío?- su voz se había suavizado un poco producto de las encantadoras formas que se apreciaban bajo el delantal de la vendedora que destacaba un busto privilegiado y unas caderas lo suficientemente amplias y justas colindando con una cintura delicadamente curva y de firmes contornos.

- tres mil pesos. Hacia los destinos que se muestran en ese letrero. Señaló dirigiendo el lechoso dedo índice de la mano izquierda coronado con una muy bien cuidada uña, de color piel.

Mientras escribía la tarjeta de la canasta con flores, vió que tres carabineros, dos de ellos con las manos sobre sus armas calibre 38 firmemente sujetas a su cinturón y el otro con una agenda forrada con un material que simulaba el cuero de color café corrían hacia el estacionamiento, seguidos de dos llamativos personajes vestidos con pantalones mal planchados de color negro, uno de ellos con una ajustadacha chaqueta de lanilla color roja decorada con broches y cierres a la usansa de la policía montada canadiense y el otro con un chaleco antibalas, quien, con una mano sujetaba las llaves que oscilaban en su cintura unidas al cinturón con una brillante cadena de fantasía, mientras la otra mano levantaba firmemente una radio sintonizada en la frecuencia privada de los guardias de seguridad del centro comercial.

La voz en la radio decía que habían disturbios en el primer piso del estacionamiento, y añadía que había una persona caída, y que necesitarían una ambulancia urgente con atención médica. el sujeto con la radio practicamente pegada a la boca respondía agitadamente producto de la improvisada maratón que iban en camino con el apoyo de carabineros que se había solicitado.

Sin dar muestras de procupación por el hecho, canceló el valor total de su compra incluído el gasto de envío, recibiendo a cambio una boleta y un coqueto gracias por parte de la vendedora, a lo que respondió con la misma coquetería y una ceja lenvatada, esta vez la izquierda provocando una leve sonrisa en el rostro de la joven.

Guardó la boleta en el bolsillo posterior izquierdo de sus jeans azules desteñidos como ordenaba la moda y caminó hacia el paradero de locomoción colectiva arrugando la frente y conteniendo la respiración ante la, a su parecer, repugnante fragancia del maní confitado del carrito que se encontraba frente al puesto de flores y a favor del viento.

A esa hora, el estacionamiento se encontraba plagado de espectación. Un hombre de unos 45 años vestido con unos jeans wrangler, zapatillas adidas, una camisa polo y una casaquilla nautica se encontraba tendido en el pavimento del primer piso, al lado de un montero sport 2007. Junto un contingente de 7 guardias de seguridad conteniendo a seis descontrolados niños que gritaban y lloraban desconsoladamente.
Una multitud de gente se estaba reuniendo frente al acontecimiento mientras un desconcertado joven era reducido por tres de los guardias de seguridad en sus trajes de guardabosques.
El muchacho estaba perturbado, aturdido, no lograba reaccionar, y no ofrecia resistencia alguna a las intensiones del personal de seguridad que lo tenían boca abajo sobre el helado pavimento, con las extremidades superiores en su espalda y las manos unidas con unas esposas que hàbilmente uno de los guardias habìa logrado pasar entre medio del cinturòn de cuero del muchacho y que sin darse cuenta le estaban hiriendo levemente en las delgadas muñecas.

El rostro impávido y el cuerpo helado, las muñecas heridas, la mente descolodada, y el cuerpo inmovilizado del muchacho, unos niños desesperados que a toda costa trataban de safarse del personal de seguridad que les impedìa el paso e intentaban en vano tranquilizarlos. Guardias de seguridad hablando locamente por radio, escupiendo saliba sobre el intercomunicador con cada sìlaba mal pronunciada, carabineros estableciendo repentinamente un paràmetro de 20 metros a la redonda, para controlar la situacion, transeúntes, trabajadores y compradores atochando el estacionamiento en una loca necesidad de saciar su morbosa curiosidad, una ambulancia que ululaba a lo lejos con promesas que soluciones inùtiles y tardìas y un cuerpo sin vida pintaban el extraño escenario de una parodia, en la que el único ser con conocimiento de lo que había sucedido se encontraba a varios metros contando monedas de cien pesos en su mano derecha para cancelar el pasaje de locomociòn colectiva que lo llevarìa tranquilamente a su trabajo.

Una vez controlada la situaciòn, carabineros se hizo cargo del muchacho maniatado, al cual se le atribuìa la responsabilidad del hecho por la sencilla razón que cuando los niños empezaron a gritar, el se encontraba de pié junto al cuerpo agonizante, y le gritaban atacandolo como sólo los jovenes de entre 12 y 18 años saben hacer.

Afortunadamente uno de los guardias que se encontraba en el lugar, con una de esas chaqutillas rojas y sombrero de ala ancha, y en el momento de lo ocurrido tomaba los datos de un vehìculo en la cercanía que se encontraba con una de las ventanas laterales quebradas, del cual había sido sustraidas aparentemente varias pertenencias del dueño del automóvil.

El guardia, de nombre Alberto, de unos 35 años, alto, corpulento y con una cálida mirada que hacía contraste con su tosca figura, tomaba nota cuando vio por casualidad al fallecido, junto a sus hijos y al extraño muchacho, que con determinante actitud se dirigía hacia èl. Luego de intercambiar unas breves palabras se estrecharon las manos y en ese preciso momento, Philipe, como lo llamaba su ahora viuda esposa, callò de un zopetón al suelo sin volver a mover un mùsculo nunca mas.

Sus hijos comenzaron a gritar desaforadamente y salieron lo mas rápido que las puertas del moderno vehículo les permitía y Alberto, en un ràpido reflejo guardò la libreta de notas que le había regalado su hija en su cumpleaños numero 35, y corrió al lugar de los hechos, logrando controlar a cinco de los hijos de la vìctima. El sexto, el mayor, llamado Felipe, al igual que su padre, fue más rápido que el y se lanzó contra el muchacho.

De pie y firme como un poste de alumbrado electrico permaneció el muchacho desde que realizó la fatal pregunta al que ahora yacía sin vida a sus pies. Sin lograr entender que estaba sucediendo y a penas recuperándose de un leve mareo, no vió al joven de 18 años que se avalanzába con rabia mas que con violencia, y no sintió dolor alguno al recibir el primer golpe propinado por el joven de su misma complexión y tres años menor.

El momento del primer golpe fue el momento en que aparecieron 2 guardias mas corriendo por el lado norte del estacionamiento, por entre los automóviles, que a esa hora llenaban el estacionamiento, los cuales habían sido llamados en el instante en que Alberto se guardaba la libreta con una de sus manos en su bolsillo, ya que su otra mano, la diestra, se alzaba rápidamente con la radio de comunicaciones hasta donde su voz lograba alcanzar.

El segundo golpe del joven fue más debil aún debido a la impotencia que lo llenó al volverse a ver a su padre tendido sin vida en el suelo y en parte a la nula reacción que había obtenido por parte del muchacho luego de golpearlo con todas sus fuerzas la primera vez. Y cuando se decidio a golpearlo al igual que las dos veces anteriores en el rostro con sus huesudas y pecosas manos uno de los guardias ya se encontraba anulandolo y empujandolo hacia el vehiculo que se encontraba en la cercanía.

- Es el otro!!- dijo rápidamente Alberto y haciendo un ademán con la cabeza e indicándole a sus compañeros con una mirada seca y acusadora que el responsable de aquella inusual escena de muerte y desesperación era el delgaducho muchacho que se encontraba de pie, con un pómulo razgado y sangrante y una somnolienta mirada como si se encontrara despertando de un perturbador sueño.



- Que mierda pasa aqui- eran todas las palabras que llenaban la cabeza del muchacho mientras era subido sin mucha delicadeza por parte del personal de carabineros a un vehículo de patente RP-3627 el cual tenía una resistente rejilla entre la cabina delantera y la trasera, que era una de las patrullas que ya habían llegado al lugar. Al mismo tiempo que el personal del SAMU del Hospital Higueras, declaraba muerto al hombre que se encontraba sobre uno de sus costados al principio, pero luego boca arriba en un entrenado y mecánico acto de resucitación por parte de los paramédicos.


-Negocio cerrado- se dijo con la voz de la mente justo cuando bajaba del micro bus moviendo la cabeza en ademán de agradecimiento al conductor de la maquina, dirigiendose tal como sabìa (si lo sabía) a su trabajo habitual, que por cierto no tenìa nada que ver con el que acababa de realizar. Eran las 14:57.

A las 15:00 llegò la fiscal al lugar de los hechos, escrutando la escena del suceso y ordenando el levantamiento del cuerpo para su análisis en el servicio medico legal. En relación al muchacho, que se encontraba todavía desconcertado y esposado en la patrulla de carabineros, dispuso que lo llevaran detenido para investigar la muerte del cuerpo que en ese momento era subido a la ambulancia, con la lentitud y brusquedad que se mueve un pedazo de res en un frigorígico.

El muchacho, en dirección a la prefectura de carabineros, no lograba entender nada. Solo sangraba de su corte en el pómulo, pensaba en el cuerpo sin vida que se alejaba en una dirección totalmente distinta a la suya y la pizza que ahora recordaba había dejado a medias en una mesa del patio de comidas en el centro comercial.