domingo, abril 22, 2007

El atraco Parte II



Dejó todo esto sobre la cama hecha muy minuciosamente y se fue a la cocina. Del estante donde guardaba los cereales extrajo una caja de Avena Quaker. Dentro de ella había una caja negra de metal, de la que sacó una nueve milímetros de doce tiros con dos recargas. Suficiente, pensó, porque para el dos ancianos no representaban mayor amenaza, y en el eventual caso que la policía llegara treinta y seis balas eran mucho mas que suficiente.
De la otra caja de cereal que estaba junto a la que había tomado, extrajo estuche para el arma y luego de esto se dirigió a la habitación para vestirse.
Se vistió tranquilamente mientras el reloj de pulsera marcaba las seis con treinta y dos de la tarde.Cinco minutos más tarde fue hasta el armario al lado de la puerta de calle.
Sacó sus zapatos y un pasamontañas que se encontraba dentro de un abrigo.
Una vez más revisó el arma y salió cuidadosamente de su casa con una chaqueta que había comprado especialmente para la ocasión hace una semana.
Mientras caminaba hacia su destino, visualizaba mentalmente la casa. Una bonita casa en la esquina, ocho calles más abajo con una robusta puerta principal, la que no sería capáz de botar de una patada, a pesar de su contextura media gruesa y su musculatura, que había logrado en los años de encierro. De ventanas grandes con barrotes y algunos arboles en el antejardín.
Por dentro la casa era de dos pisos, con una sala de recepcion. A su derecha un muy buen decorado living, y a la izquierda un comedor, que por cierto no se ocupaba desde hacía años. Al fondo una espaciosa cocina, con una puerta que daba al patio, que como había observado no se conectaba con el antejardín debido a un porsche donde el anciano guardaba un Pontiac del setenta y tres en muy buen estado. A un lado de la cocina, un baño relativamente pequeño y una escalera que lleva al segundo piso, el que tenía una sala de estar con un gran televisor y tres puertas. Una que daba al baño del segundo piso, una habitacion normal y una habitación matrimonial con baño en suite. La casa no era muy grande pero nadie le quitaba de la mente que la anciana esposa del viejo guardaba muchas joyas y dinero en su mesa de noche.
Cruzó la calle y sacó un cigarrillo. Se sentó en un banco de la plaza que quedaba en la esquina y prendió el cigarro.
Era dia jueves y como todos los jueves la pareja salía a las cuatro de la tarde a la reunión social del sindicato de ex-trabajadores a la que pertenecía el anciano, y regresaban a las siete y media de la noche.
Eran las siete y un cuarto, faltaban quince minutos para que la pareja llegara, y el mejor momento de entrar a la casa era el instante en que los viejos llegaran, para que así ellos mismos desactivaran la alarma al llegar y en la central no notaran nada extraño, ya que era habitual.
Su reloj de pulsera marcaba las siete y treinta y dos cuando el pontiac aparecía por la calle y entraba al porsche de la casa. Apagó el segundo cigarro y se puso el pasamontañas. En el momento en que el anciano cerraba la puerta del porsche, saco su arma y le golpeó en la nuca. El anciano cayó estrepitosamente al suelo azotándose la cabeza contra el suelo. Lo tomó de los pies y lo arrastró dentro de la casa. La anciana esposa estaba saliendo del baño cuando el delincuente entraba con el cuerpo inconsciente del viejo.