El atraco Parte III

- ¡¡¡No te muevas o te mato !! -
Le gritó mientras le apuntaba con la nueve milimetros. La anciana se quedó pasmada.
- Por favor.. no nos haga daño... lleveselo todo si quiere.. pero no nos haga daño, por favor.. solo somos una familia normal... no tenemos muchas riquezas... no nos haga daño.... mire.. tome mi reloj.. no es muy caro pero llevese....-
- ¡¡¡Callese.. !!! Muevase ahora. Al baño -
La empujó hacia el baño pequeño del primer piso y cerro la puerta. Fue hacia el anciano que estaba en el suelo y lo arrastro a la compañía de su esposa. Volvió a cerrar la puerta. Tomó el cable del teléfono y volvió al baño. Los dejó muy bien atados a las cañerías del lavamanos y con un pedazo de la camisa del viejo le amarró la boca a la vieja que no paraba de hablar.
Cerro muy bien la puerta del baño y empezó la cacería. Empezó por el living. Cada mueble que había lo sacaba y acababa en el piso. El comedor. La cocina. Subió las escaleras la habitación matrimonial desarmó el armario, la mesa de noche, la cama, la otra mesa. En la sala de estar revisó los cajones del modular del televisor.. el armario del pasillo. Nada. Absolutamente nada. Ni joyas ni dinero ni nada.
Bajó rápidamente al baño del primer piso y abrió la puerta. El anciano había recobrado la conciencia y luchaba con sus ataduras. Mientras repetía
- La niña... la niña... la niña.. no se te ocurra molestar a la niña maldito...-
- Amenazas?.. te atreves a amenazarme.. en la posición que estas no deberías amenazar a nadie viejo estúpido-
- Tu eres el estupido te advierto que no molestes a la niña imbecil...-
No le daba mucha importancia a las palabras del viejo. El tono amenazador lo había irritado, pero había advertido una leve mezcla entre amenaza y súplica.
Salió del baño y se acordó. Claro le faltaba una habitación por buscar. La rabia que había sentido al no encontrar nada en la habitación de los viejos lo había hecho olvidarse de que existia otra pieza. Subió corriendo mientras escuchaba en el baño las ya completamente claras súplicas del viejo que le advertían de la niña. La niña, quien diablos iba a imaginar que estos viejos decrépitos tenían una hija, o una nieta pensó.
Llegó a la habitación y descubrió que estaba con llave. Que clase de abuelos eran que salían y dejaban a una pobre niña sola y encerrada con llave en su pieza. Pensaba esto porque ya estaba convencido de que era la nieta de los viejos, probablemente sus padres se la habían encargado por unos días, porque en las semanas de vigilancia a la casa no había visto ninguna niña.
Empujó con todas sus fuerzas, la pateó, corrió para derrivarla con el hombro. Pero nada hizo que esa puerta se abriera.
Abajo los viejos seguían gritando, pero ya no había espacio para ellos en su cabeza. La idea de amenazarlos con la vida de la niña, para que le dieran el dinero y las joyas ocultas en la casa le había llenado la cabeza de esperanzas.
-Pero por todos los diablos. De que rayos está hecha esta maldita puerta-
Bajó corriendo las escaleras y se dirigía al baño para exigirles la llave de la puerta ya que era la unica manera de entrar, sintió un ruido muy fuerte arriba y los pasos de alguien corriendo. Penso que la niña había abierto la puerta y la había cerrado de un portazo, pero cuando corrió hasta la habitación se encontró con la cerradura de la puerta en su lugar pero todo el resto de la puerta abierto y hecha pedazos. Sintió un terrible frío que le recorrió el cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
-Que demonios pasó aquí... que clase de niña es esta que hizo mierda esta puerta-
Con temor entró en la pieza, que estaba a oscuras y con el arma por delante, el arma..
-como no se me ocurrió romper la cerradura de un balazo-
La habitación estaba a oscuras, y una leve brisa llegaba desde la ventana abierta, desde donde se veia una rama de un arbol. A tientas buscó el interruptor de la luz. Lo encontró y lo presionó. Una tenue luz roja iluminó el sombrío cuarto. Miró a su alrrededor y observó que el cuarto estaba regado de ropas rasgadas. Sobre una polvorienta mesa había una docena de muñecas sin cabeza. Una cama desordenada con cinturones en las esquinas, los mismos cinturones que lo habian mantenido amarrado por tres meses en el hospital penitenciario. Y en un plato sobre el suelo un pedazo de jugosa carne cruda roida como por un animal.
Derrepente, una sombra corrió trás de el por el pasillo escaleras abajo. Dio la vuelta y empezó a caminar lentamente hacia las escaleras.
Un desgarrador grito lo ensordeció desde el primer piso y temblando se dirigió hacia la fuente. Camino, mientras escuchaba forcejeos y gritos desde el baño e imaginó que "la niña" estaba liberando a los abuelos. Entonces corrió hacia el baño, la puerta estaba abierta. Se asomó lentamente. Los gritos y forcejeos habían cesado y la luz del baño se encontraba apagada. Prendió lentamente la luz y lo que vió lo hizo sentir nauseas y un mareo que lo tambaleó. Los abuelos, o mejor dicho lo que quedaba de los abuelos estaban esparcidos por todo el piso y las paredes manchadas de sangre.
- Que diablos...-

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