viernes, mayo 11, 2007

Confinamiento III


El no tenía la culpa, pero nuestra ira se ensañó sobre ese pobre muchacho.

Yo no se que hacía allí. No estaban las condiciones del clima para que un niño de su edad estuviera jugando en la calle y menos allí, tan lejos del lugar donde su madre afanosamente preparaba la merienda de medio día.

¿Hasta cuando me celas de esa manera? ¿Por qué le haces caso a esos celos enfermizos? No existe la manera de complacerte, porque siempre encuentras el detalle inexistente maquinado en tu creativa y enfermiza mente.

No me vengas con esas tonterías. Si yo te vi, no me puedes decir que no porque llamé a tu trabajo y no me contestaste el teléfono. ¿Y acaso crees que estoy todo el día al lado del maldito aparato esperando para contestar y escuchar tus quejas que me saturan hasta reventar?

Si te revientan tanto ¿por qué no te vas con esa infame rompe-familias? ¿O acaso no le has dicho que eres casado?

Te digo que no tengo ningún romance con nadie, ¿por qué no puedes entender?

En ese momento, como en otros más posteriormente, callaba e infirió un sonido como de tambor deteniéndose en le n-ésima vuelta alrededor mío…

¡Tum!

Este sonido retumbaba en el inmueble de tal manera que parecía estremecer y encogerse a la vez, junto con mi pecho que se apretaba y se soltaba en una contracción en conjunto con la de la habitación. Luego recomenzó su eterna carrera a mi entorno y prosiguió con la, ya dicha de memoria, narración.

…Eso dices, siempre lo dices, pero tú crees que soy tonta, que no me doy cuenta de lo cruel que eres conmigo al tratarme de esa manera, que soy una ciega que te creerá a pies juntos todo lo que le digas, solo porque eres un machista de mierda. Me paso todo el día limpiando tu casa, lavando tu ropa, criando tus hijos, y preparando tu comida. Y tu ¿qué haces? Te gastas todo lo del mes con quien sabe cuantas mujeres que lo único que quieren… ¡tum!

Otra vez ese sonido que me descolocaba, porque a pesar de la casi nula expresividad de sus palabras, en mi mente se figuraban imágenes tan nítidas, como si ya no hubiesen frases ni oraciones, si no que vívidas secuencias como si fueran recuerdos míos o imágenes transmitidas como telepáticamente desde su mente a la perturbada cabeza que es ese momento coronaba mi ser.

Y que mierda es ese sonido ¿acaso no tienes nada mejor que hacer que andar azotando portones ajenos?

No me cambies el tema, esa maldita costumbre tuya de cada vez que discutimos me cambias el tema con tanta naturalidad que me dan ganas de zamarrearte para que se te ordenen las ideas en esa traicionera cabeza…