Capitulo 2. Alberto
Se alejaba tranquila y desenfadadamente del estacionamiento del centro comercial en el mismo momento que un Airbus 318 disminuía constantemente la velocidad hasta aterrizar en el deteriorado asfalto de la pista de carriel sur, mientras Las destellantes luces señalizadoras del aeropuerto eran apenas percibidas por la luminosidad imperante del medio dia, y el avesado capitan de la aeronave maniobraba junto a su tripulacion.
A la izquierda de su camino hacia la movilizacion que lo llevaría su tedioso trabajo diario, observó un pequeño, pero vistoso local de venta de arreglos florales. Pensó en comprarle algún tipo de ramo de flores a su madre, y se dirigió a ese rincón pensativamente.
Una de las dependientes se le acercó con amable semblante y le dijo:
- Buenas tardes, ¿en que lo puedo ayudar?
- Hola. dejeme mirar un momento para decidirme porfa.
La cortante respuesta provocó la inmediata media vuelta de la vendedora, quien pensó que definitivamente no tendría suerte ese día y no lograría vender una sola rosa roja, puesto que se acercaban las tres de la tarde y a las cuatro terminaba su turno momento en el que se dirigiría a su hogar hasta el día siguiente.
Paseó la vista una y otra vez con la intensión de escoger de entre cada uno de los arreglos, que a esa hora de la tarde empezaban a verse no muy bién. Un canasto del tamaño de una bandeja de huevos decorado vistosamente con rosas blancas rojas y amarillas y rodeado de pequeñas ramas de ciprés fué el escogido luego de compararlo repetidamente con otros dos arreglos de similares características, pero de desteñidas y arrugadas formas que le daban la impresión de estar mirando unas desaliñadas ancianas tratando de verse decentes.
- ¿Que precio tiene ese arreglo?- preguntó con la misma frialdad a la señorita que salía en ese momento del cuarto de dos por dos metros ubicado en la esquina opuesta a su posicion en medio de las flores que imitaba pobremente a una oficina administrativa.
La vendedora, una mujer de unos 25 años, de bello perfil pero de ojeroso mirar, le levantó la ceja derecha al tiempo que se secaba las manos en un delantal donde se apreciaba el nombre de la florería ornamentado con bordados de rosas y tulipanes en armoniosa distribución y le respondía con una melosa y delicada voz:
-Catorce mil cuatrocientos noventa pesos-
- ¿Y el precio del envío?- su voz se había suavizado un poco producto de las encantadoras formas que se apreciaban bajo el delantal de la vendedora que destacaba un busto privilegiado y unas caderas lo suficientemente amplias y justas colindando con una cintura delicadamente curva y de firmes contornos.
- tres mil pesos. Hacia los destinos que se muestran en ese letrero. Señaló dirigiendo el lechoso dedo índice de la mano izquierda coronado con una muy bien cuidada uña, de color piel.
Mientras escribía la tarjeta de la canasta con flores, vió que tres carabineros, dos de ellos con las manos sobre sus armas calibre 38 firmemente sujetas a su cinturón y el otro con una agenda forrada con un material que simulaba el cuero de color café corrían hacia el estacionamiento, seguidos de dos llamativos personajes vestidos con pantalones mal planchados de color negro, uno de ellos con una ajustadacha chaqueta de lanilla color roja decorada con broches y cierres a la usansa de la policía montada canadiense y el otro con un chaleco antibalas, quien, con una mano sujetaba las llaves que oscilaban en su cintura unidas al cinturón con una brillante cadena de fantasía, mientras la otra mano levantaba firmemente una radio sintonizada en la frecuencia privada de los guardias de seguridad del centro comercial.
La voz en la radio decía que habían disturbios en el primer piso del estacionamiento, y añadía que había una persona caída, y que necesitarían una ambulancia urgente con atención médica. el sujeto con la radio practicamente pegada a la boca respondía agitadamente producto de la improvisada maratón que iban en camino con el apoyo de carabineros que se había solicitado.
Sin dar muestras de procupación por el hecho, canceló el valor total de su compra incluído el gasto de envío, recibiendo a cambio una boleta y un coqueto gracias por parte de la vendedora, a lo que respondió con la misma coquetería y una ceja lenvatada, esta vez la izquierda provocando una leve sonrisa en el rostro de la joven.
Guardó la boleta en el bolsillo posterior izquierdo de sus jeans azules desteñidos como ordenaba la moda y caminó hacia el paradero de locomoción colectiva arrugando la frente y conteniendo la respiración ante la, a su parecer, repugnante fragancia del maní confitado del carrito que se encontraba frente al puesto de flores y a favor del viento.
A esa hora, el estacionamiento se encontraba plagado de espectación. Un hombre de unos 45 años vestido con unos jeans wrangler, zapatillas adidas, una camisa polo y una casaquilla nautica se encontraba tendido en el pavimento del primer piso, al lado de un montero sport 2007. Junto un contingente de 7 guardias de seguridad conteniendo a seis descontrolados niños que gritaban y lloraban desconsoladamente.
Una multitud de gente se estaba reuniendo frente al acontecimiento mientras un desconcertado joven era reducido por tres de los guardias de seguridad en sus trajes de guardabosques.
El muchacho estaba perturbado, aturdido, no lograba reaccionar, y no ofrecia resistencia alguna a las intensiones del personal de seguridad que lo tenían boca abajo sobre el helado pavimento, con las extremidades superiores en su espalda y las manos unidas con unas esposas que hàbilmente uno de los guardias habìa logrado pasar entre medio del cinturòn de cuero del muchacho y que sin darse cuenta le estaban hiriendo levemente en las delgadas muñecas.
El rostro impávido y el cuerpo helado, las muñecas heridas, la mente descolodada, y el cuerpo inmovilizado del muchacho, unos niños desesperados que a toda costa trataban de safarse del personal de seguridad que les impedìa el paso e intentaban en vano tranquilizarlos. Guardias de seguridad hablando locamente por radio, escupiendo saliba sobre el intercomunicador con cada sìlaba mal pronunciada, carabineros estableciendo repentinamente un paràmetro de 20 metros a la redonda, para controlar la situacion, transeúntes, trabajadores y compradores atochando el estacionamiento en una loca necesidad de saciar su morbosa curiosidad, una ambulancia que ululaba a lo lejos con promesas que soluciones inùtiles y tardìas y un cuerpo sin vida pintaban el extraño escenario de una parodia, en la que el único ser con conocimiento de lo que había sucedido se encontraba a varios metros contando monedas de cien pesos en su mano derecha para cancelar el pasaje de locomociòn colectiva que lo llevarìa tranquilamente a su trabajo.
Una vez controlada la situaciòn, carabineros se hizo cargo del muchacho maniatado, al cual se le atribuìa la responsabilidad del hecho por la sencilla razón que cuando los niños empezaron a gritar, el se encontraba de pié junto al cuerpo agonizante, y le gritaban atacandolo como sólo los jovenes de entre 12 y 18 años saben hacer.
Afortunadamente uno de los guardias que se encontraba en el lugar, con una de esas chaqutillas rojas y sombrero de ala ancha, y en el momento de lo ocurrido tomaba los datos de un vehìculo en la cercanía que se encontraba con una de las ventanas laterales quebradas, del cual había sido sustraidas aparentemente varias pertenencias del dueño del automóvil.
El guardia, de nombre Alberto, de unos 35 años, alto, corpulento y con una cálida mirada que hacía contraste con su tosca figura, tomaba nota cuando vio por casualidad al fallecido, junto a sus hijos y al extraño muchacho, que con determinante actitud se dirigía hacia èl. Luego de intercambiar unas breves palabras se estrecharon las manos y en ese preciso momento, Philipe, como lo llamaba su ahora viuda esposa, callò de un zopetón al suelo sin volver a mover un mùsculo nunca mas.
Sus hijos comenzaron a gritar desaforadamente y salieron lo mas rápido que las puertas del moderno vehículo les permitía y Alberto, en un ràpido reflejo guardò la libreta de notas que le había regalado su hija en su cumpleaños numero 35, y corrió al lugar de los hechos, logrando controlar a cinco de los hijos de la vìctima. El sexto, el mayor, llamado Felipe, al igual que su padre, fue más rápido que el y se lanzó contra el muchacho.
De pie y firme como un poste de alumbrado electrico permaneció el muchacho desde que realizó la fatal pregunta al que ahora yacía sin vida a sus pies. Sin lograr entender que estaba sucediendo y a penas recuperándose de un leve mareo, no vió al joven de 18 años que se avalanzába con rabia mas que con violencia, y no sintió dolor alguno al recibir el primer golpe propinado por el joven de su misma complexión y tres años menor.
El momento del primer golpe fue el momento en que aparecieron 2 guardias mas corriendo por el lado norte del estacionamiento, por entre los automóviles, que a esa hora llenaban el estacionamiento, los cuales habían sido llamados en el instante en que Alberto se guardaba la libreta con una de sus manos en su bolsillo, ya que su otra mano, la diestra, se alzaba rápidamente con la radio de comunicaciones hasta donde su voz lograba alcanzar.
El segundo golpe del joven fue más debil aún debido a la impotencia que lo llenó al volverse a ver a su padre tendido sin vida en el suelo y en parte a la nula reacción que había obtenido por parte del muchacho luego de golpearlo con todas sus fuerzas la primera vez. Y cuando se decidio a golpearlo al igual que las dos veces anteriores en el rostro con sus huesudas y pecosas manos uno de los guardias ya se encontraba anulandolo y empujandolo hacia el vehiculo que se encontraba en la cercanía.
- Es el otro!!- dijo rápidamente Alberto y haciendo un ademán con la cabeza e indicándole a sus compañeros con una mirada seca y acusadora que el responsable de aquella inusual escena de muerte y desesperación era el delgaducho muchacho que se encontraba de pie, con un pómulo razgado y sangrante y una somnolienta mirada como si se encontrara despertando de un perturbador sueño.
- Que mierda pasa aqui- eran todas las palabras que llenaban la cabeza del muchacho mientras era subido sin mucha delicadeza por parte del personal de carabineros a un vehículo de patente RP-3627 el cual tenía una resistente rejilla entre la cabina delantera y la trasera, que era una de las patrullas que ya habían llegado al lugar. Al mismo tiempo que el personal del SAMU del Hospital Higueras, declaraba muerto al hombre que se encontraba sobre uno de sus costados al principio, pero luego boca arriba en un entrenado y mecánico acto de resucitación por parte de los paramédicos.
-Negocio cerrado- se dijo con la voz de la mente justo cuando bajaba del micro bus moviendo la cabeza en ademán de agradecimiento al conductor de la maquina, dirigiendose tal como sabìa (si lo sabía) a su trabajo habitual, que por cierto no tenìa nada que ver con el que acababa de realizar. Eran las 14:57.
A las 15:00 llegò la fiscal al lugar de los hechos, escrutando la escena del suceso y ordenando el levantamiento del cuerpo para su análisis en el servicio medico legal. En relación al muchacho, que se encontraba todavía desconcertado y esposado en la patrulla de carabineros, dispuso que lo llevaran detenido para investigar la muerte del cuerpo que en ese momento era subido a la ambulancia, con la lentitud y brusquedad que se mueve un pedazo de res en un frigorígico.
El muchacho, en dirección a la prefectura de carabineros, no lograba entender nada. Solo sangraba de su corte en el pómulo, pensaba en el cuerpo sin vida que se alejaba en una dirección totalmente distinta a la suya y la pizza que ahora recordaba había dejado a medias en una mesa del patio de comidas en el centro comercial.

2 Comments:
Me tuviste leyendo intrigadamente, cosa extraña pk,rara vez me concentro por tanto tiempo.
Adios.
Que mas compadre, es uno de esos cuentos que los empiezas a leer y no paras hasta que termine la historia, ya que uno se compenetra tanto con la situacion, los detalles, y los personajes que participan en ella que es como si uno mismo estubiera viviendo aquella seguidilla de acontecimientos..no comunes jejeje
Al final igual quede metido sobre como el supuesto "asesino" hizo para que otros realizen la tarea que el desea..
estoy sospechando de algunos poderes mentales o algo asi..
saludos perro nos veremos !
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