sábado, enero 03, 2009

Capitulo III. Lamento


El dolor que a esta hora le producía el frío acerado del par de grilletes que aprisionaban sin compasión sus desnudas muñecas, se había desvanecido aproximádamente hace media hora atras, en el momento que el último carabinero había abandonado el pequeño cuarto de escasos 9 metros cuadrados.
No le habían realizado ningún tipo de pregunta.
El interogatorio del cual estaba acostumbrado a ver, encarnado en sus series y películas policiales preferidas en las que el personal policial siempre lograba sacarle de alguna manera la verdad a sus inculpados, no se había realizado de ninguna manera, lo que hacía que se sintiera más nervioso.

Los veía desde niño, primero en blanco y negro, el primer aparato de recepción televisiva que sus padres lograron con esfuerzo adquirir y posteriormente en ese viejo y enorme televisor, que había pertenecido a su abuelo y que había pasado a sus manos luego de un fulminante cáncer diez años atrás y que aún conservaba con peculiar recelo y meticulosidad a la hora de realizarle la semanal tarea de limpieza. Para él ese televisor era particularmente valioso, ya que por una absurda rencilla, a su juicio, entre su padre y su abuelo, no había podido conocer a este último hasta los 11 años, fecha en la cual su abuelo le regaló su mas preciado tesoro: su televisor a colores conservado en perfectas condiciones y con su manual de mantención de 1970, un Zenith modelo A6533W, el cual había cuidado con todo el cariño y amor que no le había alcanzado a entregar al padre de su padre, ya que 4 meses mas tarde había sucumbido ante el cáncer pulmonar, producto de años de consumo diario de dos cajetillas de cigarrillos, que habían sido en un inicio Lucky sin filtro hasta el día en que había caído al hospital que se habían transformado en Lucky corriente.
Un mes había durado en el hospital debido al avanzado estado de la enfermedad, para finalmente dejar este mundo contento por haberse, finalmente, reconciliado con su único hijo y al mismo tiempo, por haber conocido aunque fuese sólo unos pocos meses a su único nieto, Francisco.

La desesperación de la situación, la frustración del no saber que era lo que en realidad estaba pasando, la eterna espera de la que estaba siendo presa, unido al recuerdo de su abuelo le hicieron tornar sus verdes ojos en un deteriorado blanco perla, estriado por vetas color bermellón, lo que le hicieron arder por un instante, inundando en un segundo toda la cavidad ocular con espesas lágrimas, todo esto acompañado por la sensación de sequedad de la boca y el punzante dolor que produce en la garganta el deseo de llorar sin dejarlo salir, sin suspirar y sin permitirse nungún sollozo.

Al momento en que la primera lágrima contenida con todas sus fuerzas cedió ante la poderosa fuerza de gravedad y se estrelló con la comisura de sus labios, se restregó la mejilla con sus manos unidas por las muñecas, y sintió la frialdad de su prisión sobre su rostro, haciendolo reaccionar por una fracción de segundo mientras el salino sabor de su propia lagrima lo hacía contraer involuntariamente la lengua dentro de su boca.

Cómo diablos se había visto envuelto en semejante embrollo? Cómo es que podía haberse perdido 37 minutos de su existencia y haber deambulado por las galerías del centro comercial hasta encontrarse de zopetón en la escena de un crimen?
En un segundo estaba tranquilamente sentado en el sector izquierdo del patio de comidas del centro comercial, con una bolsa de papel que llevaba un logo de Diadora, donde instantes había adquirido con su tarjeta Mastercard Dorada y en tres cuotas precio contado aquella polera construida de una peculiar tela cuyo nombre no recordaba, especial para asistir al gimnasio. Sobre la mesa, una caja de cartón roja con una leyenda que señalaba Pizza Hutt y dentro de ella un disco de masa con sus cuatro ingredientes favoritos: extra queso, pepperoni, pollo y choclo, todo acompañado de un vaso de 250 centímetros cúbicos de Fanta y un pequeño envase de papel con unas papas fritas que a su parecer eran muy poco apetitosas a la vista.

Eso recordaba, había llenado su estómago con 3 trozos de pizza, había bebido medio vaso del liquido gaseoso anaranjado y al momento siguiente se encontraba en estacionamiento techado del centro comercial, en el primer piso, frente a un Mitsubishi Montero Sport 2007, y a un grupo de gentes que no entendía realmente que hacía.

Le había costado una enormidad entender que siete de las personas que se encontraban extrañamente forcejeando frente a él, eran guardias de seguridad del recinto, vestidos con su rojo uniforme y provistos con chalecos antibalas de color negro.
Lo que no lograba comprender, todo producto de su todavía presente aturdimiento, era por qué los muchachos, que eran contenidos por los personajes de rojo y negro gritaban desaforadamente y forcejeaban con una descomunal fuerza en contra de los uniformados.
Claro está que en el momento en el que los guardias de seguridad lo sujetaron de las ropas, pasaron exactamente 3 segundos antes que se encontrara de boca en el suelo con un par de grilletes pertenecientes al cuerpo de seguridad del centro comercial y cuatro minutos hasta que oyó la primera sirena de la ambulancia que se dirigía al lugar de los hechos. ¿O quizás era la sirena de carabineros?
No lo recordaba, en ese momento de aturdimiento y confusión máximas no había dedicado a utilizar ninguna fracción de sus neuronas para delucidad que sirena era la que estaba oyendo, sólo se preguntaba a sí mismo qué había pasado.

Un pequeño esbozo de sonrrisa se le había dibujado en el rostro cuando la idea de que "cuando es a uno el que van a detener, la velocidad de reacción de las fuerzas de orden público actúan con brevedad, pero cuando uno es la víctima, se tardan una enormidad".
Repentinamente la idea de la relatividad planteada por Einstein se le hab+ia venido a la mente, y la sensación de ahogo se disipó por unos instantes y estuvo ausente escasos treinta y cinco segundos hasta que el primer personaje ingresó a la habitación con una carpeta en la mano y una chaquetilla azul marina con un logo estampado de color amarillo.

Era un sujeto de unos aproximados 30 años, de cabello castaño oscuro. Unas delgadas gafas con marco metálico escondían unos ojos cafés distorcionados levemente por el aumento de los cristales. Su rostro, pulcramente afeitado, reflejaba una severa, pero a la vez serena mirada, la que le dirijió unos instantes antes de tomar asiento en la plástica silla con patas de aluminio que se encontraba al otro lado de la mesa del mismo material que adornaba la fría habitacion.
El tubo fluorescente sobre sus cabezas destelló un leve instante producto de una falla en el partidor, cuya frecuencia aún no había llevado a convencer al personal de cambiarlo, distrajo al incriminado, pero no hizo mella alguna al temple del recien llegado, a pesar de que ese no era su oficina, ni siquiera era un lugar que frecuentaba.

La gravedad del suceso y la situacion en general, había llevado al fiscal a cargo del caso ordenar a la Policía de Investigaciones iniciara una investigacion sobre el asesinato, por lo cual el personal de Carabineros no había interrogado al sujeto y motivo por el cual el comisario se encontraba sentado frente a Francisco.

-Francisco Javier Mena Iturra- las palabras llenaron el vacío del cual estaba inmerso el cuarto e hicieron eco en los oidos de Francisco, sacandolo definitivamente del aturdimiento y volviendolo a la realidad en la que se encontraba.

-Veinte y un años, estudiante de prevención de riesgos en la Universidad Santa María, con domicilio en Hualpén...

Guardó silencio por un momento y todavía sin mirarlo, le preguntó:
-Conocías al Sr. Lazcano?

-Quién es el Sr. Lazcano?- preguntó con evidente perplejidad.

- De manera que nos encontramos con un leve caso de amnesia!!- le respondió el comisario levantando un poco el tono de voz haciendo que las gotas de sudor comenzaran a aparecer en el bigote de Francisco y sobre su nariz.

-Felipe Lazcano, el sujeto que acabas de asesinar. Me vas a decir que ni siquiera lo conocías? Entonces tu intensión era robarle. Cuéntame, que es lo que querías robarle?

Por primera vez en el largo rato que se había encontrado dentro del cuarto al interior de la prefectura de carabineros la lucidez iluminó su mente, finalmente entendió todo.
Se encontraba detenido por haber cometido un homicidio del cual no había señas en su memoria, y en vista de que su mente no lograba explicar los treinta y siete minutos perdidos y lo que alcanzaba a recordar luego de haber "reaccionado" cuando los guardias lo habían apresado, él era el único inculpado.

Por increible que pareciera, tenía la senación de haber cometido un crimen que no recordaba lo cual hacía que la situacion fuera más compleja para él. Que iba a responder a aquella pregunta, como iba a explicar que no tenía idea que había sucedido.
Y en ese preciso instante y casi inconscientemente pronunció las palabras que le devolverían la tranquilidad por las próximas dos horas.

-Donde esta mi abogado?

-Bien. si eso es lo que quieres, eso tendrás. En cuanto llegue el abogado que se te asignará se te notificará para que converses con él.
El fiscal determinó que la audiencia de detención se hará mañana a las nueve de la mañana. A esa hora nos veremos nuevamente.

Dicho esto, se levantó con la misma tranquilidad con la que había llegado y procedió a abandonar la habitación.

Durante las dos horas siguientes la mente de Francisco dió vueltas y vueltas tratando de, con los pocos recuerdos que tenía, hilar el curso de los hechos desde que se encontraba en el patio de comidas hasta que lo habían apresado, no pudiendo llenar el vacío de los treinta y siete minutos.

Tenía la extraña certeza de haber asesinado al tal Felipe Lazcano, idea que lo aterraba, porque parecía tan cierto como que se encontraba detenido al interior de una prefectura de carabineros.

Una vez cumplidas las dos horas, entró apresuradamente una mujer de unos 40 años, muy bien vestida con un traje de dos piezas color café, con una bluza gris y un bolso ejecutivo colgado de su hombro derecho.
Desafortunadamente y tal como lo preveía no le retornó la tranquilidad pero al momento que Paula, la abogada defensora que le había sido asignada, se tranquilizó un poco y le contó todo lo que recordaba.

El rostro de incredulidad de la abogada era evidente. Una ceja se levantaba sobre el nivel de la otra despectivamente y los entornados ojos negros lo miraban sin creerle, mientras una de sus manos jugaba distraídamente con un bolígrafo plateado grabado con letras cursivas Paula Pareja Perez, regalo de sus hijos, de ocho y once años, en su último cumpleaños obviamente coludidos con su esposo con el cual llevaba dos días sin hablar producto de una pelea por unas extrañas llamadas telefónicas en el aparato celular de él.

- A ver - dijo, dejando el lápiz sobre la carpeta que se encontraba sobre la mesa- Me gustaría que fuera sincero conmigo, es la única forma que tengo de ayudarlo. Lamentablemente existe una cámara de seguridad del mall que tiene registrada tu persona forcejeando con la víctima y un cuchillo, el cual usted mismo compró unos minutos antes con tus huellas digitales estampadas con sangre.

-Todo indica que usted cometió el asesinato, hay pruebas. Lo que no hay es un móbil y aunque no lo encuentren nunca con las pruebas que existen, los cargos de homicidio calificado harán que pase en la carcel unos quince años.

- Le repito que eso es todo lo que recuerdo, si quiere me somete al detector de mentiras.- Lo absurdo del comentario hizo que se ruborizara y la sonrisa esbozada por la abogada hizo que se arrepintiera de haberlo dicho.

-Le propongo que establezcamos culpabilidad en la audiencia de mañana para disminuir los años de la condena, ya que por lo que veo no hay nada que lo salve. Mañana a las ocho de la mañana lo veré en el juzgado para que veamos si recuerda algo mas del suceso.

Con estas palabras se levantó y con un giro que hizo ondear su teñido cabello dejando un suave perfume a shampoo que alcanzó el sentido adecuado de Francisco, quien esperó otros cinco minutos hasta que lo condujeron a una celda en el subterráneo de la prefectura.

A pesar de el nerviosismo y el estado de angustia en el que se encontraba esa noche logró soñar. Soñó con su abuelo, con su padre y con un desconocido que lo llamaba, lo acechaba, le hablaba de lejos y le ordenaba que saltara en un pie, luego que se parara de cabezas, mientras reía y reía.

Al otro dia cuando despertó tuvo la extraña sensación de que el sueño había sido real, y se le ocurrió la descabellada idea de que lo habían mandado a matar a ese pobre tipo contra su voluntad.

1 Comments:

Blogger Anonimo said...

... todavia no alcanzo a llevar un tercio de la coleccion, tratare de subir el resto dentro de esta semana, saludos...

8:58 a. m.  

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